Argentina y Japón, la cara y cruz de las economías del mundo

Federico Tessore

Todos escuchamos alguna vez la célebre frase atribuida al Premio Nobel en Economía Simon Kuznets: “hay cuatro clases de países: los desarrollados, en vías de desarrollo, Japón y Argentina”.

Para los economistas de medio mundo resulta inexplicable que la Argentina, siendo un país con vastos recursos naturales y un formidable capital humano, sea uno de los países que en los últimos 70 años menos se desarrolló.

En el extremo opuesto está Japón: un país sin recursos naturales y completamente arrasado tras la Segunda Guerra Mundial, que sin embargo protagonizó un formidable milagro económico gracias en parte a Hayato Ikeda, primer ministro del país entre 1960 y 1964.

Ikeda impulsó la reforma del sistema financiero por el que todos los bancos quedaban bajo la supervisión del Banco Central de Japón. Esto permitió una reducción en el riesgo del sistema financiero y un aumento vertiginoso de la concesión de créditos.

La abundante financiación, junto con la innovación de las industrias japonesas y la elevada productividad de sus trabajadores contribuyó a que Japón disparase sus ingresos por exportaciones.

Estos ingresos contribuyeron a financiar la expansión de más industrias, lo que provocó que a comienzos de los años 80 Japón fuera la segunda mayor economía del planeta, solo por detrás de los Estados Unidos.

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